Después de años de enfrentar inviernos de hasta 20 grados bajo cero, entre la leña,
el carbón y el esfuerzo de mantener su casa calefaccionada, Cristóbal disfruta de una
realidad diferente. La llegada del gas al paraje La Esperanza transformó su vida
cotidiana y la de las familias que viven en este punto estratégico de Santa Cruz.
La serie “Historias que dan calor”, impulsada por Distrigas S.A., nos lleva en esta
oportunidad al paraje La Esperanza, ubicado en el cruce de las rutas provinciales 2 y 5
con la Ruta Nacional 40, a mitad de camino entre Río Gallegos, El Calafate y la Cuenca
Carbonífera. Allí vive Cristóbal Chipailaf, un antiguo poblador que hace 14 años eligió
asentarse definitivamente en el lugar, lejos del movimiento de las ciudades y cerca de
la tranquilidad que encontró en estas tierras.
Oriundo de Chubut, Cristóbal llegó a Santa Cruz a los 20 años y recorrió durante
décadas los campos de la provincia, trabajando en distintas estancias. Un accidente le
impidió continuar con sus tareas rurales y, desde entonces, comenzó otra etapa de su
vida, dedicada a levantar su casa de a poco, con esfuerzo y paciencia.
Hoy, jubilado, disfruta de una vida más tranquila. Y entre los cambios que marcaron
sus últimos años, se destaca, por encima de todos, la llegada del gas.
“Antes tenía que estar continuamente con la leña y el carbón, no dejar apagar la estufa
porque era una heladera”, recuerda al describir cómo eran los inviernos en La
Esperanza, donde las temperaturas pueden descender hasta los 15 o 20 grados bajo
cero.
Mantener la casa calefaccionada era una tarea permanente. Cuando la leña escaseaba,
debía buscar tablitas y juntar maderas que encontraba en el lugar para alimentar la
estufa. El frío, la nieve y el hielo formaban parte de una rutina que exigía esfuerzo
incluso dentro de su propio hogar.
“Cuando llegó el frío y sentí el calorcito acá adentro, dije, está mejor, ya cambió
mucho”, cuenta Cristóbal, con la sencillez de quien conoce el valor de cada mejora
después de tantos años de sacrificio.
Los últimos inviernos fueron diferentes. “Cambió muchísimo. En invierno uno lo pasa
bien tranquilo, sin frío”, afirma. También destaca que el gas es más limpio, ya que dejó
atrás el carbón, las cenizas y la suciedad que se acumulaban dentro de la vivienda.
“Ahora estoy tranquilo porque tengo gas, mejoró la vida”, resume.
La Esperanza, un lugar que también necesitaba calor
Durante años, La Esperanza fue un punto de descanso para quienes transitaban las
rutas santacruceñas con destino a Río Gallegos, El Calafate, Río Turbio y otros puntos
de la provincia. Con el tiempo, también se consolidó como una base para el desarrollo
de la actividad petrolera de la zona.
El paraje cuenta con un puesto sanitario, una subcomisaría, un hotel, una estación de
servicio y viviendas donde residen alrededor de 150 personas. Sin embargo, pese a su
ubicación estratégica y al potencial productivo de la región, sus habitantes debieron
esperar durante años para contar con un servicio esencial como el gas.
Esa realidad comenzó a cambiar el 11 de junio de 2025, con la inauguración de la
planta de gas que permitió llevar el servicio a las familias del lugar. Desde entonces, el
calor del hogar dejó de depender exclusivamente de la disponibilidad de leña y carbón,
y las jornadas de frío intenso comenzaron a vivirse de otra manera.
Cristóbal recuerda que hubo intentos anteriores de concretar la obra, pero destaca la
decisión política de avanzar con el proyecto durante el gobierno de Claudio Vidal.
También agradece al personal de Distrigas S.A. por la atención, la predisposición y la
rapidez con la que se realizaron los trabajos.
Cuando el gas transforma la vida cotidiana
La historia de Cristóbal es una muestra concreta de lo que significa acercar un servicio
esencial a cada rincón de Santa Cruz. Detrás de una conexión de gas hay más que una
obra de infraestructura. Hay hogares más confortables, menos tareas cotidianas
destinadas a combatir el frío y mejores condiciones de vida para las familias.
En lugares como La Esperanza, donde el invierno impone condiciones extremas y las
distancias forman parte de la vida diaria, contar con gas representa un cambio
profundo.
A través de “Historias que dan calor”, Distrigas S.A. continúa recorriendo la provincia
para conocer y compartir las experiencias de quienes dejaron atrás años de espera y
sacrificio. Son historias que muestran cómo el acceso al gas transforma realidades y
reafirma la importancia de garantizar un servicio público esencial para todos los
santacruceños.



