Después de toda una vida vinculada al trabajo rural, Mario Sar encontró en el gas una nueva comodidad para su hogar. Desde hace cuatro meses cuenta con el servicio en su vivienda y ya no necesita salir a buscar leña, una tarea que su salud hoy le impide realizar.
La nueva historia de la serie “Historias que dan calor”, de Distrigas S.A., nos lleva hasta la comarca de Lago Posadas, en plena cordillera santacruceña. Después de recorrer unos 70 kilómetros por caminos de ripio, entre montañas y paisajes imponentes, llegamos a la casa de Mario Sar, un antiguo poblador de la zona que nos recibió para compartir sus recuerdos y contar cómo cambió su vida desde que cuenta con gas.
Don Mario tiene 76 años y una extensa historia ligada al campo. Cuando llegó a la región, se instaló en Bajo Caracoles, donde vivió durante varios años. Más tarde se estableció en la Estancia Los Ñires, sobre el río Oro, donde desarrolló su actividad rural. Hoy, mientras sus hijos continúan trabajando en el campo, decidió instalarse casi definitivamente en el pueblo de Lago Posadas, especialmente después de atravesar una complicación de salud que lo llevó a replantear su vida cotidiana.
En ese nuevo capítulo de su historia, el acceso al gas representa mucho más que una mejora en su vivienda. Significa tranquilidad, comodidad y la posibilidad de dejar atrás algunas de las tareas más exigentes de los inviernos patagónicos.
“Antes no tenía gas porque vivía en el campo y me manejaba con la estufa a leña, pero ahora ya no puedo cortar leña”, cuenta Mario, al explicar por qué la llegada del servicio fue tan importante para él.
Durante años, calefaccionarse implicaba organizarse para conseguir leña, trasladarla y mantener encendida la estufa para hacer frente a las bajas temperaturas. También utilizaba tubos de gas envasado, una alternativa que requería estar pendiente del abastecimiento. Con el gas en su casa desde hace cuatro meses, muchas de esas preocupaciones quedaron atrás.
“Estamos más calentitos”, dice con una sonrisa, mientras recuerda aquellos inviernos en los que las jornadas de trabajo y el frío formaban parte de la vida cotidiana. Evoca también a los pobladores que iban hasta el valle a buscar leña y la necesidad de juntar suficiente para atravesar los meses más crudos del año.
“Ya ahorramos un poco más de leña, no tengo necesidad de ir al campo a buscar la leña”, agrega, destacando el alivio que representa no tener que realizar ese esfuerzo, especialmente por su estado de salud.
Mario nos invita a recorrer su casa y nos muestra cómo cambió la rutina. Por las noches deja encendido un calefactor que mantiene una temperatura agradable y, cuando se levanta por la mañana, solo necesita encender una hornalla para preparar el agua del mate. Ya no tiene que comenzar el día pendiente de encender la estufa a leña para templar los ambientes.
“Tenemos estufa a leña y el gas, cada vez que lo necesitamos prendemos la estufa, pero ahora no hace ni frío acá”, relata con naturalidad, dejando en evidencia la diferencia que encuentra entre aquellos años y su presente.
Para Don Mario, el gas llegó en un momento en el que necesitaba simplificar sus tareas y cuidar su salud. Después de tantos años de trabajo, contar con un sistema de calefacción práctico y disponer de agua caliente y una cocina a gas representan una comodidad cotidiana que valora especialmente.
También destaca la rapidez con la que se realizaron los trabajos para instalar el servicio en su vivienda. “Todo fue rapidísimo, es un gran trabajo el que hacen”, expresa agradecido.
La historia de Mario es una de tantas que reflejan el significado de acceder a un servicio esencial en Santa Cruz, donde las distancias, el clima y las características del territorio hacen que contar con gas tenga un impacto directo en la vida de las familias.
A través de “Historias que dan calor”, Distrigas S.A. continúa acercándose a los hogares de la provincia para conocer a sus protagonistas y compartir sus experiencias. Historias de esfuerzo, de inviernos difíciles y de cambios concretos que llegan cuando el servicio de gas se incorpora a la vida cotidiana.
De norte a sur, del mar a la cordillera, el gas llega a los hogares y transforma vidas.



