Paula Alanís y su familia atravesaron su primer invierno en el barrio Patagonia de Caleta Olivia calefaccionándose con electricidad. La llegada del gas natural cambió la vida cotidiana de la familia y les permitió volver a disfrutar de su hogar, recibir a sus seres queridos y dejar atrás las noches de frío.

En pleno invierno caletense, bajo una tarde de aguanieve, llegamos hasta el domicilio de Paula Alanís, en el barrio Patagonia, para conocer su historia y recordar cómo fue la espera por el gas natural.

Paula vive junto a su marido, Matías, sus dos hijas pequeñas y sus dos mascotas. Hace diez meses que se instalaron en su casa, aunque el terreno lo habían comprado en 2021 con un sueño que pudieron concretar después de mucho esfuerzo.

“Teníamos el proyecto de hacer nuestra casa propia, el sueño de todos. Con mucho esfuerzo, con mucho trabajo lo pudimos lograr y cuando nos vinimos sabíamos que no había gas”, recuerda.

Durante su primer invierno en el barrio, las bajas temperaturas hicieron que calefaccionar la vivienda se convirtiera en un desafío cotidiano. La familia dependía exclusivamente de la electricidad y contaba con cinco caloventores para mantener los distintos ambientes de la casa a una temperatura confortable.

“Tengo dos hijas chiquitas y la verdad que nos calefaccionábamos con todo eléctrico. Tenemos cinco caloventores y a veces saltaba la térmica, se recalentaban los cables”, cuenta Paula.

La situación requería una verdadera logística familiar para evitar sobrecargar la instalación eléctrica. “Era enchufar uno y desenchufar otro y era muy complicado con los cortes programados. Cuando se cortaba la luz teníamos que irnos a otro lugar”, recuerda.

Una de esas noches quedó especialmente grabada en su memoria. Ante un corte de electricidad, la familia tuvo que trasladarse durante varias horas a la casa del padre de Paula. Salieron alrededor de las 3 de la tarde y regresaron cerca de las 2 de la mañana, pero el suministro todavía no había sido restablecido.

“La casa era un freezer, era imposible estar. Esa noche la pasamos muy mal, tuvimos que comprar frazadas”, relata.

Y agrega, emocionada: “Esa noche cuando se cortó la luz yo lloraba en la cama y le decía a mi marido: no puede hacer tanto frío”.

Hoy esa escena forma parte del pasado. La llegada del gas natural transformó la vida cotidiana de la familia y les permitió disfrutar de su casa de otra manera.

“Ahora estamos calentitos gracias al servicio de Distrigas. Ya estamos disfrutando de este beneficio”, destaca Paula, quien se muestra agradecida por contar con un servicio que considera “tan necesario para todos los sureños”.

La obra también llegó en un tiempo que la familia pudo comprobar de manera concreta. “Fue bastante rápido, fueron 7 o 10 días por lo menos el tramo de esta calle”, señala.

El día que todo cambió

Paula recuerda especialmente el 8 de julio, el día en que finalmente se concretó la conexión de gas en su vivienda.

Ese día se encontraba trabajando como maestra jardinera en Fitz Roy, a unos 80 kilómetros de su casa. Mientras cumplía con su jornada laboral, recibió la noticia de que los trabajos habían comenzado.

“Estaba en mi trabajo, vi que había movimiento, vi las máquinas, se me iluminó la cara, ya era una felicidad completa”, recuerda.

Fue su marido quien le avisó que finalmente habían conectado el servicio. Cuando Paula llegó a su casa, alrededor de las 7 de la tarde, pudo comprobar por primera vez el cambio.

“La casa estaba calentita, los vidrios no estaban transpirados, se sentía otra cosa”, cuenta.

Con el gas ya instalado, también comenzaron a cambiar las costumbres familiares. Paula explica que hasta ese momento recibían pocas visitas porque la falta de calefacción hacía difícil compartir la casa durante los días más fríos.

Ahora, en cambio, pudieron disfrutar de momentos que antes parecían difíciles de imaginar. “Vimos la final del Mundial juntos, calentitos en casa”, cuenta.

También pudieron recibir a sus abuelos, quienes anteriormente evitaban visitar la vivienda debido a las bajas temperaturas.

“Las reuniones familiares van a ser un punto de encuentro acá gracias a este servicio que tenemos ahora”, afirma.

La historia de Paula es una de las tantas que forman parte de “Historias que dan calor”, la serie de Distrigas S.A. que busca conocer y compartir las experiencias de vecinos y vecinas de Santa Cruz que, después de años de espera y esfuerzo, lograron acceder al gas.

“Yo sí creía cuando me decían que íbamos a tener gas”, subraya Paula. Y resume su presente con una frase que sintetiza el cambio que significó para su familia. “Nos conectaron el gas, así que estamos felices, agradecidos, muy contentos, muy conformes”.