La cuarta entrega de la serie de Distrigas S.A. llega a la Cuenca Carbonífera para conocer la historia de una vecina de Julia Dufour que pudo cumplir un anhelo esperado durante mucho tiempo: contar con gas natural en su hogar.
El cuarto capítulo de la serie nos lleva a la Cuenca Carbonífera, más precisamente a la localidad de Río Turbio y a la historia de Lucero Alfaro, una joven madre que, junto a su pareja, construye con mucho esfuerzo su casa en Julia Dufour.
Una fría mañana de junio llegamos hasta su vivienda. Ese día no era uno más: su casa acababa de ser conectada al servicio de gas natural.
Hace aproximadamente un año y medio que la familia comenzó a habitar la vivienda que fue levantando “a todo pulmón”. Cada avance significó esfuerzo y sacrificio, pero todavía faltaba algo fundamental para poder sentirla verdaderamente como un hogar: el gas.
Durante los inviernos anteriores, Lucero tuvo que buscar distintas alternativas para proteger del frío a su hijo pequeño. Para evitar que las bajas temperaturas afectaran su salud, muchas veces debía dejarlo en la casa de su abuela. En su propio hogar, durante el día, un caloventor intentaba templar los ambientes, aunque no siempre alcanzaba y representaba además un costo elevado. Por las noches, varias frazadas eran la principal defensa frente al frío.
“Es mucho frío para tener a mi hijo”, cuenta Lucero al recordar aquellos días.
La rutina familiar también estaba atravesada por esa dificultad. “Comíamos en la casa de mi mamá y veníamos y así todo el tiempo”, relata.
Por eso, durante mucho tiempo, su meta principal fue conseguir el servicio. “Mi objetivo principal es el gas, para tenerlo cómodo a mi hijo”, explica.
La falta de calefacción también condicionaba la manera de habitar su propia casa. “Vivía desparramada porque tengo la mayoría de las cosas de mi hijo acá”, recuerda. Y agrega: “Todos los días sueño en que voy a quedarme acá”.
Una casa que empieza a sentirse hogar
La llegada del gas comenzó a transformar esa realidad desde las primeras horas. La posibilidad de calefaccionar su vivienda le permitió a Lucero empezar a imaginar una nueva rutina familiar, recibir a sus seres queridos y disfrutar del espacio que construyeron con tanto esfuerzo.
“Ahora me pueden venir a visitar. Tengo sobrinos y ahora sí los puedo invitar a dormir, a quedarse”, expresa con alegría.
Pero hay un momento que resume especialmente lo que significa para ella este nuevo comienzo. En agosto cumple años su hijo y uno de sus mayores deseos es poder festejarlo en la casa que tanto esfuerzo les costó levantar.
“En agosto es el cumpleaños de mi hijo y mi sueño era cumplirlo acá, festejárselo acá en su casa. Sueño todas las noches que le voy a poner el Feliz Cumpleaños… que vamos a estar todos calentitos y en familia”, cuenta emocionada.
A pocas horas de la conexión, Lucero todavía habla por momentos en presente de situaciones que ya quedaron atrás. Es el reflejo de una vida que durante mucho tiempo estuvo condicionada por el frío y que ahora comienza a cambiar.
“Siento mucha alegría, mucha paz”, dice. Y también destaca el acompañamiento recibido durante el proceso: “Siempre que necesitamos nos acercamos a Distrigas y ellos se comunican con nosotros, nunca un no está o está ocupado, siempre estuvieron a disposición”.
Historias que dan calor
Es una serie realizada por el Departamento de Comunicación de Distrigas S.A., que busca ponerle un rostro y una historia a una de las obras más importantes que lleva adelante la empresa: llevar el servicio de gas a las familias de Santa Cruz.
A través de cada episodio, vecinos y vecinas que recientemente accedieron al servicio comparten sus experiencias de vida. Son historias de inviernos difíciles, de leña, garrafas, caloventores y de la búsqueda permanente de una alternativa para enfrentar el frío.
Pero también son historias de transformación. Porque cuando llega el gas, no solo cambia la temperatura de una casa: cambia la vida de quienes la habitan.
Y para Lucero, ese cambio tiene hoy una imagen concreta: su hijo soplando las velitas, en su propia casa, rodeado de su familia y “todos juntos, por fin, calentitos”.



